jueves, 2 de marzo de 2017

La tardanza

Así era ella, se encerraba tanto en su propio mundo que siempre llegaba tarde a todos lados,
Ansiosa caminaba por las calles a su destino, al cual debía ser estrictamente necesario acudir,
De lo contrario, no podía dejar por ningún motivo su herencia de ermitaña. Ella, de piernas
Largas, le gustaba confinarse entre sus lecturas preferidas, estás, la animaban a dejar por algunos
Momentos su sentido realista-pesimista con el cual se desenvolvía por la vida, y así, tímida,
Buscaba entre los espacios blancos de las letras, nuevas formas de escritura, de palabras. Ya que
Era poco amigable, prefería escribir todo lo que sentía y por supuesto lo que pensaba. Entre las paredes
De su habitación se sentaba a pintar, hacía dibujillos a lápiz, en su mente guardaba una imagen distorsionada
De sí misma, por lo tanto siempre dibujaba cuerpecillos de humana flacucha y gastada, pero el
Matiz más agradable era usar sus acuarelas, era la parte favorita de ése tiempo, llenar el pincel de agua,
Pasarlo sobre la pintura y dejar en libertad el color, por fin podía ser este libre, expandirse, recrearse,
Corría entre las líneas pero no solamente permitía su existencia entre líneas dibujadas, el color
Podía ser sin limitaciones, acomodarse donde preferiría y permanecer plácidamente con un nuevo objetivo. 
Había días que buscaba, buscaba, buscaba dentro suyo y al no encontrar respuestas entre los
Miles de pensamientos que cruzaban su mente, gastaba el dinero de su comida en alguna aventura; entre
Jardines, entre montañas de sal, entre las olas del mar donde la sangre fluía, dónde no había
Nadie más que ella misma a su encuentro, la golpeaban las olas del mar, la arrastraban hasta
La orilla, pues era flacucha y aunque intentara no podía oponer fuerza alguna contra el imponente
Azul, sólo se dejó ser frente a él, la sal y la arena, formaban montañas para acurrucarse y gastar
El tiempo escuchando historias, bebiendo vino.
Música ligera para la carretera, tragos de luz para sus ojos, momentos para sus escrituras,
Aventuras que callar, secretos que guardar celosamente encriptándolos en algún poema corto.
Ese era el chiste de su vida, vivir sus pensamientos, escribir sus memorias, no encapsular su sentimiento
En el fino aire. Bien se lo había dicho su padre antes de emprender la aventura que los
Separaría: "escribe, escribe, porque la soledad carcome al ser y además te volverás loca si no lo haces",
Al oír aquello la sangre estremecida no lo comprendió, hasta que se encontró en su habitación,
La soledad sombría le miró fijo a los ojos, se sentó junto a ella en el filo de la cama y le abrazó.

Ella, ella es Esmeralda.