Así era
ella, se encerraba tanto en su propio mundo que siempre llegaba tarde a todos
lados,
Ansiosa
caminaba por las calles a su destino, al cual debía ser estrictamente necesario
acudir,
De
lo contrario, no podía dejar por ningún motivo su herencia de ermitaña.
Ella, de piernas
Largas,
le gustaba confinarse entre sus lecturas preferidas, estás, la animaban a dejar
por algunos
Momentos
su sentido realista-pesimista con el cual se desenvolvía por la vida, y así,
tímida,
Buscaba
entre los espacios blancos de las letras, nuevas formas de escritura, de
palabras. Ya que
Era poco
amigable, prefería escribir todo lo que sentía y por supuesto lo que pensaba.
Entre las paredes
De su
habitación se sentaba a pintar, hacía dibujillos a lápiz, en su mente guardaba
una imagen distorsionada
De sí
misma, por lo tanto siempre dibujaba cuerpecillos de humana flacucha y gastada,
pero el
Matiz más
agradable era usar sus acuarelas, era la parte favorita de ése tiempo, llenar
el pincel de agua,
Pasarlo
sobre la pintura y dejar en libertad el color, por fin podía ser este libre,
expandirse, recrearse,
Corría
entre las líneas pero no solamente permitía su existencia entre líneas
dibujadas, el color
Podía ser
sin limitaciones, acomodarse donde preferiría y permanecer plácidamente con un
nuevo objetivo.
Había
días que buscaba, buscaba, buscaba dentro suyo y al no encontrar respuestas
entre los
Miles de
pensamientos que cruzaban su mente, gastaba el dinero de su comida en alguna
aventura; entre
Jardines,
entre montañas de sal, entre las olas del mar donde
la sangre fluía, dónde no había
Nadie más
que ella misma a su encuentro, la golpeaban las olas del mar, la arrastraban
hasta
La
orilla, pues era flacucha y aunque intentara no podía oponer fuerza alguna
contra el imponente
Azul,
sólo se dejó ser frente a él, la sal y la arena, formaban montañas
para acurrucarse y gastar
El tiempo
escuchando historias, bebiendo vino.
Música
ligera para la carretera, tragos de luz para sus ojos, momentos para sus
escrituras,
Aventuras
que callar, secretos que guardar celosamente encriptándolos en algún poema
corto.
Ese era
el chiste de su vida, vivir sus pensamientos, escribir sus memorias, no
encapsular su sentimiento
En el
fino aire. Bien se lo había dicho su padre antes de emprender la aventura que
los
Separaría:
"escribe, escribe, porque la soledad carcome al ser y además te
volverás loca si no lo haces",
Al oír
aquello la sangre estremecida no lo comprendió, hasta que se encontró en
su habitación,
La
soledad sombría le miró fijo a los ojos, se sentó junto a ella en el filo de la
cama y le abrazó.
Ella,
ella es Esmeralda.
No hay comentarios:
Publicar un comentario